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Poesía sin orden ni concierto
Fotografía (exterior)
Antes, la verdad
bajaba al monte en las palabras del pastor;
y no sólo las ovejas las oían. Me acuerdo
de esos montes: verdes
con la lluvia de primavera, fríos con el viento
de abril y luminosos con el sol del norte. Era
de mañana. Aún las mujeres preparaban el
horno del pan — y ya un ritmo oscuro
preparaba el nacimiento de los frutos, esto es
el equívoco de la hoz en los instantes
de la cosecha.
Las palabras de él eran así. Un
movimiento que recorría la superficie
de los arrozales, que arrugaba el dorso
de las dunas, que empujaba las gaviotas hacia
el estuario. Sin embargo, los viejos
lo comprendían; y algunos ingenuos, cuyo
espíritu se confundía con la transparencia
del agua, repetían lo que decía en un murmullo
de riachuelo. Pero no era a ellos a quienes
se dirigía.
Evitó la ambigüedad, los sentidos
complejos de la filosofía, el fondo negro
del poema. De hecho, sus historias nunca
llegaban al fin — como si no pudiera
terminarlas... o no supiera lo que está después
de lo que sabemos, ahora que pocos
nos acordamos de él. Yo, sin embargo, aún lo vi:
en aquel banco de estación, hojeando un periódico
atrasado, fumando un cigarro barato
con el resuello sediento de un aprendiz
de dudas.

Nuno Júdice (1949)
Traducción de José Luis Puerto
Publicado en 'Un canto en la espesura del tiempo', Editorial Calambur,
Madrid 1995
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