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Poesía sin orden ni concierto
Una liebre en el centro de cálculo
La máquina más rápida,
arquitectura paralela,
poco menos de mil megaflops,
no puede seguir
su pequeño cerebro.
El labio superior palpitante,
estremeciéndose en la luz de neón,
los grandes ojos clavados
en la pantalla,
tamborilea de pánico
en el linóleo gris.
Entonces, son las tres de la noche,
el último físico de plasma
se ha ido a casa,
salta de pronto
y cruza en zigzag
entre monitores
e impresoras tartamudeantes
por la sala abandonada.
¡Suave cobarde
cincuenta millones de años
más vieja que nosotros!
Escapada a la sed de sangre
de los cazadores,
al martillo perforador, al gas,
al virus, sacude
impasible sus patas.
Desde el eoceno
pasa brincando
ante nuevas narices hacia un futuro
rico en enemigos,
pero nutritivo y fecundo
como el diente de león.

Hans Magnus-Enzensberger
Publicado en 'Los elixires de la ciencia' por
Editorial Anagrama, Barcelona, 2002
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