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ANTOLOGÍA ANTOJADIZA



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Poesía sin orden ni concierto

 

 

 

 

 

Medio in vita
 


Alguna vez, corazón, descansarás,
alguna vez morirás la última muerte,
hacia el silencio te encaminas
para dormir el profundo sueño sin sueños.
A veces te hace señas desde una oscuridad dorada,
a veces lo presientes,
ese lejano puerto, cuando tu bote
de tormenta en tormenta acosado, corre hacia el mar.
Pero todavía tu sangre te acuna
sobre un oleaje rojo a través de acción y sueño.
Todavía arden, corazón, en impulso de vida y fuego.
Desde lo alto del árbol del mundo
fruto y serpiente con dulce obligación te atraen
hacia deseo y hambre, placer y culpa,
el canto de un centenar de voces
toca su dulce juego de arco iris por tu pecho.
El juego del amor te invita,
selva del placer, hacia el espasmo de la voluptuosidad,
para allí ser un extático huésped, un animal o dios,
excitado, relajado, sin meta estremecido.
Te atrae el arte, la silenciosa hechicera
en su círculo con dichosa magia,
un coloreado velo pinta sobre dolor y muerte,
vuelve el tormento en placer, en armonía el caos.
El espíritu arrastra hacia el juego más alto,
frente a las estrellas
te coloca, en punto central del universo te convierte,
y ordena en derredor de ti el coro en una totalidad.
Desde la bestia y el barro primordial hasta llegar a ti
rico en antepasados es el rastro a partir del origen,
en meta te convierte y punto final de la naturaleza,
oscuros portales abre luego,
dioses señala, y espíritu e instinto,
y muestra cómo desde él se desarrolla el mundo de los sentidos,
cómo de nuevo el infinito se conforma,
y hace que el mundo, que convierte en espuma para el juego,
te sea nuevamente amado,
pues eres tú quien al mundo, a Dios y al todo sueñas.
También tras los sombríos procesos
donde sangre e instinto consuman lo espantoso,
también allí está el sendero abierto,
donde el éxtasis florece desde el miedo, y el asesinato desde el amor,
donde los crímenes humean y la locura arde,
ninguna piedra divisoria separa la acción del sueño.
Estos caminos múltiples puedes andar,
estos juegos puedes jugarlos todavía,
y a cada uno sigue, lo advertirás,
un nuevo camino, más tentador aún.
¡Qué lindos son la propiedad y el dinero!
¡Qué lindo es despreciar tanto la propiedad como el dinero!
¡Qué hermoso: apartarse del mundo, renunciando!
¡Qué hermoso: procurar ardientemente sus encantos!
Ascendiendo hasta Dios, de regreso al animal,
y por doquier fugazmente se agita una dicha.
¡Anda por cualquier parte, sé hombre, sé animal, sé árbol!
Infinito es el multicolor sueño del mundo,
infinitamente puerta tras puerta se te abre,
desde cualquiera el coro pleno fermenta de la vida,
atrae desde cualquiera, desde cualquiera llama
una suerte fugaz, también un dulce aroma de fugacidad.
¡Renuncia, o la virtud ejercita, cuando te asalte el miedo!
¡Sube a la más elevada torre, arrójate de allí!
Mas sábelo: en todas partes eres solamente huésped,
huésped del aire, del sufrimiento, huésped también de los sepulcros.
Te escupe de nuevo, aun antes de que hayas descansado,
hacia fuera, corriente eterna de los nacimientos.
Pero de los miles de caminos uno
es difícil de encontrar, fácil de presentir,
aquél que todos los círculos del mundo con un paso mide,
aquél que nunca más engaña, que alcanza el último objetivo.
Florece para ti el saber desde esta senda:
tu yo más íntimo, aquél que la muerte no destruye nunca,
te pertenece sólo a ti,
no pertenece al mundo que sólo escucha nombres.
Extravío fue tu peregrinaje extenso,
extravío en la prisión innominada del error,
y siempre la senda encantada estaba cerca,
¿cómo pudiste andar por tanto tiempo ciego,
cómo este encanto pudo acontecerte,
que tu mirada jamás vio ese sendero?
Ahora el poder del sortilegio finaliza,
has despertado,
oyes rugir lejos a los coros
en el valle de los errores y de los sentidos,
y tranquilo te apartas de lo externo
hacia ti mismo, hacia adentro.
Descansarás entonces,
la última muerte habrás cumplido,
hacia el silencio ingresas
para dormir el hondo sueño sin sueños.
 

 

 


 

Hermann Hesse en Montagnola

cortesía del Museo Hermann Hesse

 

 

 

 

 

 

 

Hermann Hesse (1877 - 1962)
 

Traducción de Rodolfo E. Modern
Publicado en ‘Antología poética’ por Ediciones Librerías Fausto, Buenos Aires 1974

 

 

 

 

 

 

[7] ANTOLOGÍA ANTOJADIZA

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