Precisión suiza

Me escribe AA:

El zapatero de mi barrio es un curioso personaje de Ourense que tiene morriña de Suiza, donde vivió algún tiempo como emigrante. Todo un manitas trabajando: esté como esté el zapato, bota o botín, te lo devolverá como nuevo.

Hace dos días le dejé una bota para arreglar. Cuando se la entregué me preguntó un número de teléfono, como hace siempre, y lo apuntó sobre una pegatina en la zona del tacón. No pregunta nada más, ni el nombre ni ningún otro dato, solamente un número de teléfono.

Ayer fui a recogerla, y al reconocerme preguntó: «¿Vienes a por tu bota, verdad?». Y añadió: «Dime en qué acaba tu número de teléfono».

Dependiendo del número que respondas, se gira hacia la estantería y empieza a contar por la balda de abajo hasta llegar al lugar que coincide con el número que le has dado; y, eccolo qui, ahí está tu bota.

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SSMM y los frutos de la acción

Vimos a la paloma en el segundo carril de la calzada aventurarse más allá, cojeando y con el ala rota. Los seis carriles por delante hasta llegar a la acera opuesta constituían en nuestra imaginación un mundo inabarcable de amenazas.

Detuvimos pues el coche y descendiendo, la acogimos cuidadosamente entre las manos y acariciamos su cabeza hasta que se calmó, mientras la llevábamos al otro lado para dejarla ir sobre la hierba del parque; tras regresar al coche y momentos después de iniciar la marcha, nos dio tiempo a divisar a un gato que, al acecho y sigiloso, se le acercaba.

Aquel día de Reyes portaba el rostro doble del Necesitado.

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La blusa negra

Se cierran las puertas del ascensor y la mujer pasa a examinarse atentamente en el espejo, y comienza a frotar suavemente primero su blusa negra, luego con mayor ansiedad. Ya llegando al segundo piso se detiene, da forma a un gesto de sorpresa y exclama:

—¡Oh! ¡No es en la blusa donde está la mancha, sino en el espejo!

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