Una misma tarea para todos
Siguiendo la lectura propiciatoria de los microgramas de Robert Walser, donde se dicen cosas como que la queja forma parte del paisaje («Porque siempre han surgido quejas, críticas, eso también forma parte de la cotidianidad, lo mismo que, por ejemplo, un vaso de cerveza o un billete de tranvía»), llamó mi atención el hombre que se dedica a la limpieza del edificio por la minuciosidad con la que recogía colilla tras colilla y la depositaba en el cubo de basura. Podría enemistarse con ellas, dado que hay ceniceros por todas partes y resulta un tanto sorprendente encontrarlas en el suelo, pero no lo hacía. Por el contrario, de vez en cuando se le oía canturrear.
Me fijé en los útiles de trabajo: el carrito con el cubo, el recogedor, el cepillo, una balleta. Vaciaba los ceniceros, los limpiaba con la balleta y recogía las colillas dispersas por el entorno. Y así, día tras día.
Y mientras pasaba tiempo en la observación, poco a poco me iba dando cuenta de que la suya es la tarea de cualquiera. A lo largo del día, de los días, llegan a nosotros numerosas cosas fuera de sitio: un arrogante y desaprensivo, un suceso inesperado, un desperfecto, un error… Colillas con las que emplear los útiles de trabajo. Es nuestra elección, pensé, reaccionar en contra de esa colilla y maldecir, o aplicarse tan sólo a recogerla de la mejor manera posible: los contenidos son diferentes, la tarea para todos igual.
Tal vez podriamos incluso llegar a canturrear un poco de vez en cuando, me sentí tentado a añadir, sintiéndome casi poseído por el espíritu de Walser.
Historia de ella y él
Cuando nació él, su madre se quedó mirándolo y certificó: ‘He tenido un niño cabezón’.
Cuando nació ella, su madre la contemplaba embelesada y sorprendida, diciendo como para sí: ‘¡Halá! ¡Vaya una niña lista que he tenido!’
(Recuerdo de una tarde de invierno)
Teoría del camino
La concurrencia es numerosa en el centro del camino. Muchos son los que quieren ir por el centro, ver bien a los demás y que se les vea bien. Unos a otros tratan de quitarse el puesto. Los amigos hacen barrera. Las miradas se alzan, desafiantes, sobre los que vienen de frente. A veces hay choques, roces, golpes fortuitos. La alerta es constante; quienes van, quienes vienen, se observan y se vigilan, ostentan y disimulan, muy ocupados unos de otros. Así conforman el clima social, así las mentes permanecen ocupadas por el clima social.
En las orillas del camino, a menudo tras los árboles, van aquellos cuya mente no está ocupada con el clima social, sino con otras cosas.