Azul, el interés de la fotografía

Cuando ya tengo montada la cámara en el trípode y estoy a punto de sujetar el último filtro, escucho una vocecita que me dice:
― ¡Señor, eh, señor!
Alzo los ojos y veo a una niña delante de mí, que al encontrarse nuestras miradas pregunta:
― ¿Podría ayudarme?
Le digo que sí, sólo le pido que espere un momento. Termino y me acerco. Lleva un cubo rosa en la mano izquierda y con la derecha señala un cubo azul situado sobre unas rocas, un poco más adelante:
― Es que quiero coger el cubo, pero no puedo: ¡hay una avispa!
Miro hacia el cubo azul y veo que, efectivamente, una avispa merodea por el entorno de aquí para allá. Le digo que no se preocupe, ya se lo acerco, pero ha de tener en cuenta que las avispas no están interesadas en comérsela a ella, sino que están a sus cosas y si se las respeta y uno no se mete con ellas ni las interrumpe, no hacen nada. Ella escucha muy atentamente y una vez tiene el cubo en las manos, mirando como de reojo la cámara, dice:
― ¿Está haciendo una fotografía?
Asiento con un gesto, admirado por lo certero de su expresión. Su pregunta, en un instante, me lleva a considerar más de cerca de lo que realmente se trata: no hacer fotografías, sino obtener una fotografía. Y tras un pequeño silencio, mirándome a los ojos,
― Yo he visto un alga, era un alga AZUL ―, dice y sus pupilas se llenan de luz y brillan al decir la palabra AZUL. Y añade, ya a punto de irse: ― Pero pienso que se va a estropear…

---