Otra vez Walkabout

Tal vez el mayor valor de la lectura de antropología reside en la transmisión de la mirada del antropólogo. Pues al salir del metro, cerrado el libro, la mente se da a considerar los comportamientos desde el mar sin orillas. Y las miradas desafiantes de los ejecutivos en conversación a la puerta de las cafeterías, el despliegue decididamente seductor de las ejecutivas; y las libaciones del ceremonial el día de fiesta, y los trajes fuera de toda consideración que sólo en ella se exhiben; y las reuniones en torno al nacimiento o a la muerte, pero también las soledades y los extravíos, como la mayor parte de los hábitos, pasan a constituir evidente descripción de un comportamiento. Cuya más notoria característica es la de vivir el ser encerrado entre bloques de piedra, dedicado a actividades muy alejadas de la tierra, traficando con intangibles, no comestibles, extrañamente usables bienes. En él no hablan de manera primordial la expresión de alegría, o el grito, o el sollozo, sino la infinita red del logos, ignorante del mito que lo sustenta.

Así este extraño es puesto en perspectiva, indirectamente, por el antropólogo de cualquier campo, quien como en el Quijote dice algo distinto de lo escrito; como si el propio logos hubiera considerado necesario dotarse de un camino de vuelta hacia el hombre, al Anthropos, mediante un walkabout por los espejos de la imaginación.

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