Historia de ella y él

Cuando nació él, su madre se quedó mirándolo y certificó: ‘He tenido un niño cabezón’.

Cuando nació ella, su madre la contemplaba embelesada y sorprendida, diciendo como para sí: ‘¡Halá! ¡Vaya una niña lista que he tenido!’

(Recuerdo de una tarde de invierno)

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Teoría del camino

La concurrencia es numerosa en el centro del camino. Muchos son los que quieren ir por el centro, ver bien a los demás y que se les vea bien. Unos a otros tratan de quitarse el puesto. Los amigos hacen barrera. Las miradas se alzan, desafiantes, sobre los que vienen de frente. A veces hay choques, roces, golpes fortuitos. La alerta es constante; quienes van, quienes vienen, se observan y se vigilan, ostentan y disimulan, muy ocupados unos de otros. Así conforman el clima social, así las mentes permanecen ocupadas por el clima social.

En las orillas del camino, a menudo tras los árboles, van aquellos cuya mente no está ocupada con el clima social, sino con otras cosas.

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Un cuerpo solo

Dejamos atrás los pueblos, donde la verdad no es más pura y nos quedamos en medio de los campos segados, contemplando el rostro espiral de las balas de paja, que parece hablar en lenguas para quien escucha ámame.

Ciertamente tú era la parte de la historia natural más rica en imágenes y la que más tarde continuaría en sueños, pero también el pronombre natural, dorado, que me convivía.

En esa otra verdad no había otras voces: espejos de uno mismo, íbamos caminando en silencio, abismados por el resplandor de ocres y azules, decididos por la suerte.

Y nadie más había; sola en el paisaje nos seguía, como quien velara, la sombra de un cuerpo.

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