Fragmento de una carta

«…pero lo verdaderamente impactante fue el encuentro con el poeta Leopoldo María Panero en la Feria del Libro. Me dijo ‘Tú estás muerto’, respondí ‘Tal vez’; habló de que nadie sabe qué son los vivos y los muertos; también de que hay quien cree que la poesía es como el César, algo grandioso y me reí con ganas porque, digamos, le entendía. El editor tenía prisa y cierto temor tal vez a que le alterara al ‘loco’ y cuando finalmente le tendí la mano (el gesto me salió con una espontaneidad que aún me asombra), prácticamente me echó. El poeta llevaba la camisa entreabierta, toda manchada de café o algo así y tenía delante suyo un plato con buen número de colillas y un vaso de plástico lleno a la mitad de agua, vino blanco, cerveza, cualquier cosa. Su manera de hablar es la de alguien que vive en otra región: citas continuas y relatos de sí o del pasado en que hila sin cesar leyenda. No había nadie, sólo algún curioso que no se atrevía a acercarse, un cámara intentando filmar y una joven que se mantenía un paso por detrás como sin saber qué hacer. Es la viva estampa del poeta, payaso, bufón, loco, con una cultura constituida en martillo del habla.

Aquella mano… Aún tengo la sensación en la mía. Era una mano cargada de una inusual calidez: de un calor tremendamente humano, pero de una humanidad que desconocemos. Respondió a mi gesto con igual espontaneidad y como desde el centro del tiempo y del espacio, ése que está en todas partes y en lugar ninguno.»

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