Sin valores, acaso sin verdad
El poeta Al-Mutanabbi dice «Se preocupan las gentes por esperanzas múltiples, / pero tú en los dones estás ocupado». Por fuerza han de levantarse los ojos del texto. ¿No es cierto que todo nuestro pensar en el futuro, planes para la próxima hora, qué cenaremos hoy, cómo será este verano, no es sino un esperar, una atención dirigida hacia lo que viene, una esperanza? ¿Cómo sería si, en lugar de esta actitud, sostuviéramos tan sólo la de aquél para quien la actividad de la mente dilucida ‘qué puedo dar’ y sólo eso, ‘qué puedo dar’? ‘¿Qué de mí puedo dar mientras contigo hablo, qué a ti, pequeño gorbé, mientras jugamos sobre el piso, y a ti que inesperadamente te quedas mirándome o en quien mi vista se posó porque aquí estabas?’ Viviríamos en un presente olvidados de esperar, es decir, habiendo descartado el tiempo del paisaje; y no por convicción o filosofía, sino en absoluto descuido. Pero no se trata de que ‘así viviríamos’, sino de que así vivía él, a quien Al-Mutanabbi conoció en el poema, así hay quien vive, así es posible vivir.
Al cierre se pregunta «¿Cómo agradecer la magnificencia de la mano / de quien no considera haberme hecho un regalo?» Ahí nos enteramos de que él, el donador, no sólo vive sin tiempo, sino además también sin valores, acaso sin verdad.