El cercado
Con vistas a la plenitud, cuando se mira abajo, presenta un puzle constituido por: banco, falda, hierba, piernas, arena, pies. Pies que, vestidos con un zapato u otro, no suelen estar inmóviles durante mucho tiempo.
Es el tiempo que tarda en llegar al pie la movilidad, de hecho, lo que le da al espacio su medida: un después, un antes; un aquí, un allá. Si, por ejemplo, leyendo en un parque, esa mujer sentada enfrente y tú lo sabes, colabora según la necesidad con las piezas justas —la lectura transcurre y el pensamiento le sigue por la cartografía inmóvil de un abajo que pasó a un plano muy apartado y segundo, paisajístico, sin que lo notaras.
Pero los pies de la mujer se mueven y el espacio de la lectura se interrumpe y cambia. La variación del espacio es lo que produce verdaderamente tiempo: un ya no así, un así ahora. Y esa mujer, ligada a la vida de modo tan característico, lo sabe con todo su ser, como experta provocadora de tiempo.