El accidente
Tapió con cemento y ladrillo; lució el muro vistoso y con el tiempo se hizo sólido. Renunció a saber y no preguntó más.
Hoy que por accidente alguien le ha dicho que se ha marchado a otro país, descubre oscuras nubes en el cielo: las nubes del oído, que no pueden cerrarse.
Incontenibles regueros de agua resbalan sobre el rojo envilecido del ladrillo, y la vegetación que a tientas asomaba, ya marchita, gota a gota construye esa infinita tristeza sin muros, país, ni figuras.