La blusa negra
Se cierran las puertas del ascensor y la mujer pasa a examinarse atentamente en el espejo, y comienza a frotar suavemente primero su blusa negra, luego con mayor ansiedad. Ya llegando al segundo piso se detiene, da forma a un gesto de sorpresa y exclama:
—¡Oh! ¡No es en la blusa donde está la mancha, sino en el espejo!