Mi pasión es gratuita, su material es nada,
sólo uno el instrumento necesario,
a la luz de la vigilia en cualquier parte,
y a veces en el sueño, y a veces, sin hacer,
en la estrella oscura sin conocimiento
tiene lugar, como el espacio,

sin límites como él puede ensayar
y darse al tiempo a la renovación,
no naciendo aún, pues en tu escucha
ya transformada es otra, pasión de ti,
del tú que yo allegando pasa
como la onda sucesiva, silenciosa,

presentida apenas,
como pasa un ángel.

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Se trata de ti

Como cualquiera que viniera de pronto
y dijera: se trata de ti.
Y el mandato levántate tuviera otro color entonces,
convocando la atención alrededor.
Y todas las cosas te miraran.
Y si como disuelto quien viniera
y disueltas las palabras
y disueltas las cosas
la mirada quedara reflejada en sí misma,
comenzando la luz.
Y se abriera a ella la flor desde el abismo.

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Desciende la luz real

Veladura de la luz real,
a descender caminos infinitos
le prestas; y va él,
cosido a tu garganta y creíble,
constituido en la verdad
desde niño, como por juego,
o ella con su diferencia observadora,
dispuesta a lo que ha de venir.

Hechos de una nada de lágrimas,
elementales: tibio aroma,
hechos indescriptibles
por tu paisaje, como iconos;
atormentados por esa separación
de tan leve herida, viva
por su propio filo,

un desangrarse,
un desangrarse extremo, tanto
que el don precioso de la palabra
vale sólo un sonido más
cuando cesa, y sólo por la cesación;
vuelta luego imagen del sonido,
si acaso, no deslindado
de la cesación misma.

                                Eras tú
quien les decías para los mares
sin fin de la conciencia, nombrándolos
para la herida, para la sangre:
hasta que desciende la luz real,
anegando los reflejos de los vidrios
y la habitación que ciega presumía.

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