(Parece que vas a ver...)

Parece que vas a ver, pero no ves,
porque ese ver es aún considerado
y fabula
y un casi resplandor se ve pasar,
pero no es —
la voluntad, indiscernible de la umbría.

Si en ella hubiera árboles,
su razón,
si un viento acometiera este pensar,
sería verdad
que algo fue creado y vive y muere
alguna vez, y el tiempo significa.

Mas es la oscuridad
si el nombre se conoce,
no saber y no ver, madre que has esperado,
padre que has decidido continuar:
y no es la oscuridad
que no se ve, y tanto brilla.

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(Había que llegar a este punto...)

Había que llegar a este punto,
no resumido, puro desprendimiento,
desde el que divisable es ciertamente el abismo,
mientras cae en el abismo, punto ciego
y se silencia.

Y atesorar tan sólo por razones de peso,
porque arrojar en condiciones óptimas
y por amor a él y a la llegada,
una parte ninguna más anónima
en universo sin más.

Pues el primer dios es Atum, lo completo,
hablando.

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Una cuestión poética

La vida no es un asunto personal,
yo en ella está probando suertes;
María es bello nombre, como es Juan,
para decir el tiempo que hace,
poco más:
                  una cuestión poética.

Cada instante como gota de lluvia,
sólo agua, sólo agua, todo lo refleja.
María, Juan: el agua lloradora
en sí misma se agota al hacer mundo,
nada más,
                   mera cuestión poética.

En el bosque de ideas a María
y a Juan la luz dirige el haz
de tiempo y lluvia salvadores;
pero es el engañoso solisombra,
nada más,
                   mera cuestión poética.

En el bosque de haceres, lluvia
y luz miran María, miran Juan,
como si en ello se les fuera la vida,
como si en ello se les viene la muerte,
poco más:
                   una cuestión poética.

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