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Cuaderno Azul
La última parada
En bajura me besó la
niebla.
Dijo aquellas palabras
«sé una luz para ti mismo»
y pronunció su halo horizontal a través del páramo.
Rostros anaranjados vigilaban
en suspenso desde lo alto,
rojos acericos conducían
deshilvanándose la distancia
y huérfano de mundo
y casi por descuido,
mi hogar se esbozó apenas
cuando no lo esperaba
y al abrir el cancel
—húmeda sombra muda—
gimió el estrepitoso hierro
en soledad completa.
*
A la hora del lobo,
cada mínimo ruido amortiguado,
mullido y leve el paso
del rocío
latido
como una lenta flor hacia el albero.
*
Había aún otra luz:
él me miró,
yo le miré,
conejo
en el hueco.
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