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Antonio Mengs



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Cuaderno Azul

 

 

 

 

 

La última parada
 



En bajura me besó la niebla.
Dijo aquellas palabras
«sé una luz para ti mismo»

y pronunció su halo horizontal a través del páramo.
Rostros anaranjados vigilaban
en suspenso desde lo alto,
rojos acericos conducían
deshilvanándose la distancia

y huérfano de mundo
y casi por descuido,
mi hogar se esbozó apenas
cuando no lo esperaba

y al abrir el cancel
—húmeda sombra muda—
gimió el estrepitoso hierro
en soledad completa.

             *

A la hora del lobo,
cada mínimo ruido amortiguado,
mullido y leve el paso
del rocío
latido
como una lenta flor hacia el albero.

             *

Había aún otra luz:
él me miró,
yo le miré,

conejo
en el hueco.

 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[26] CUADERNO AZUL

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