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Cuaderno Azul
El lecho marino
La cama es un prodigio cada noche
habitado por distinta suerte,
acoge las últimas palabras,
trasládalas a cielo
abriendo la calima que negaba distancias
en la oración del mar
y alienta en el despierto
constancia de oleajes,
meciendo sigilosa
asonancia sutil e indescifrable;
acoge al cuerpo en fuga
de las mareas de lo invisible,
el tenaz presentir desprendimientos,
cantiles, calas, playas
laceradas;
medusas,
vuelta ya opaca en absoluto
su fluida transparencia,
y cuanto sigue
—pese al sueño
y su querella—
el movimiento del poder;
disemina el sosiego del yo en tiempo
de nueva debilidad;
mensajera pasiva,
como la arena, quiebra
la sintaxis que nos llevó a su confianza,
disuade su apariencia misiva,
su querencia varada
y lo enmarca alrededor del patio,
aún en claro
y allí,
jugadores de cartas que disputan,
un afónico pasodoble, una olla
ensayando las artes del infierno,
la motocicleta que se coló y ladra,
llanto de algún niño —o el hambre,
o el celo, de un gato— y un canto
sangrante, rajado de alcohol,
penosamente desigual y entrecortado,
lanzan hacia arriba
señales, señales
que no guían, no salvan;
ya no se opone entonces,
ya no le restan fuerzas para darse
al que se da por vencido,
todo es un hecho
pleno;
incierta y temblorosa,
sonámbula asimila una palabra
la consciencia —Mediterráneo— a minutero
de efímeras orillas,
mientras él se sucede,
alerta y
crítico a lo lejos,
como un eco.
Sólo más tarde al fin reinará el sueño.
* * *
De día la cama está deshecha,
abandonada entre fanales;
tras su reflejo
apagado en el ventanal,
se ve el vacío
silencio de la terraza,
la brasa que lo incendia,
el fulgor delusorio;
mas el rumor que invoca,
en vacilante guía,
su aprehender minucioso
el latido que mana designando
los cauces, las riberas y la ofrenda,
vuelven a erguir al despierto,
su rostro hacia el sentido,
su aserción hacia la luz.
Y los pasos se dirigen hacia la terraza
que les abre las alas,
mientras sonríe al fondo replegada
la vela de la cama con un guiño.
Parece que dijera: «míralo».
Y el mar está ahí.
Sagunto, 1999 – Alacant, 2005
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