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Antonio Mengs



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Cuaderno Azul

 

 

 

 

 

Cuerpo del poema
(Primavera engañosa)
 


El mar, que nunca tuvo lealtad ni belmez…
                                      Libro de Apolonio



La tarde cae en lilas   con la sombra y el sol,
las frondas altas, verdes,   cristalizan el duelo
mirando la partida,   lejana, de las nubes
y en el instante muerto   la hiriente primavera.

Sufrieron los embates   de la luz y del tiempo,
padecían los mares   y las tierras del llanto,
despiertan en el lecho,   se arriman la lámpara,
ateridos al hilo   de las viejas historias.

No eran sabias historias,   eran sólo campanas
como eran sólo pájaros   allá, en el cementerio
florido que pisaban,   cenicientas del día,
con los labios sedientos   abriéndose las yemas.

La estrella que guiaba   paseó presurosa,
sepultó su crianza,   malversó el entrecielo
y atrás dejaba solas   estelas de la sangre,
señalando el destino   caliente de los reyes.

Sucumbid al encanto   de las viejas historias,
los dos erais vosotros,   lo cuenta la leyenda,
que sigue aún: eran   ellos, vosotras, ellas,
en un atardecer que   de la nada nombra.

Principio de las cruces,   arribar sigiloso,
acoge en este cuerpo   la inhallable sorpresa
de los heridos reinos   que alimentan las lilas
cuando la tarde gime   primavera engañosa.

 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[8] CUADERNO AZUL

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