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Cuaderno Azul
Cuerpo del poema
(Primavera engañosa)
El mar, que nunca tuvo lealtad ni belmez…
Libro de Apolonio
La tarde cae en lilas con la sombra y el sol,
las frondas altas, verdes, cristalizan el duelo
mirando la partida, lejana, de las nubes
y en el instante muerto la hiriente primavera.
Sufrieron los embates de la luz y del tiempo,
padecían los mares y las tierras del llanto,
despiertan en el lecho, se arriman la lámpara,
ateridos al hilo de las viejas historias.
No eran sabias historias, eran sólo campanas
como eran sólo pájaros allá, en el cementerio
florido que pisaban, cenicientas del día,
con los labios sedientos abriéndose las yemas.
La estrella que guiaba paseó presurosa,
sepultó su crianza, malversó el entrecielo
y atrás dejaba solas estelas de la sangre,
señalando el destino caliente de los reyes.
Sucumbid al encanto de las viejas historias,
los dos erais vosotros, lo cuenta la leyenda,
que sigue aún: eran ellos, vosotras, ellas,
en un atardecer que de la nada nombra.
Principio de las cruces, arribar sigiloso,
acoge en este cuerpo la inhallable sorpresa
de los heridos reinos que alimentan las lilas
cuando la tarde gime primavera engañosa.
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