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Cuaderno Rojo
Los nombres del amor
Tus manos con mis manos hacen bosque,
el viento de la sangre está meciéndolo.
En muro que recita un cielo desolado
veinte silencios a la vez nos miran,
acarician la luz y diseminan
veinte tímidos pájaros de sombra.
Y alrededor, trenzándose de anillos
y plegarias y de surcos y danzas,
la agonía evidente del vacío
prende la nueva vida que esperaba:
las yemas de los dedos reverdecen,
abren cunas a flores del aliento
y el aliento se abrasa y se redime.
En su honda raíz la voz se agua.
Y suma de interior desmemoriado,
la habitación el mar en desprendido
calmo cáliz a la pasión ofrenda.
Y tus manos con mis manos son anémona.
Y ese ojo de pez del amor ciego,
de su onda ciliar salta a los nuestros
que el amor asesino ha vaciado,
y susurros se cuelan de los roces
que el amor sigiloso ha silenciado,
y el amor cabizbajo se extravía.
Y en la celeste desolación del cuarto
el amor vigilante canta oleajes
y el amor traicionero nos ignora
para que no sepamos nuestros nombres
que el amor desdichado nos daría
si en el poema del tiempo que se tiene
de anémonas y de árboles y luz
y sombra, de agua, fuego y aliento
y de este verso y de aquél y aquellos
cómplices ahogados en secreto,
tus manos y mis manos las palabras
tus manos de mis manos separaran.
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