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Cuaderno Rojo
Campo de girasoles
Cariacontecidos, preocupados por la sombra
del que va delante
sin un gesto, con cierta pesadumbre
se niegan la luz crepuscular de septiembre.
Alguno aún capaz de liderazgo yergue
su panoplia mustia
entre los otros, sujeto de una ilusión ajena
que pasa de camino, distraída por su lado.
Si es la mía esa ilusión, fantaseo adorar
la multitud; y juego
a conocer la valía de todos y cada uno,
en qué proporción mezclan tierra y oro.
Antes de perderme de vista entre los hombres,
cuanto de común
nos liga a las estrellas se fija, bien medido,
en este casi triste campo de girasoles.
Por encima el sol, al retirarse con un borde cobrizo
tras las alas del vencejo
tasa el último vuelo; y allá en la distancia
ilumina los farolillos del cementerio.
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