| |
Cuaderno Rojo
Soledad de los campos
Duermo y junto mi cálamo.
Sueño bajo un olivo.
El cuerpo de mi mujer se reparte
en los pequeños frutos negros,
brillantes cual pupilas.
El murmullo de mis hijos
alienta la danza de las hojas.
La tierra revienta al pie, deleznable:
huye las huellas
del sol o del viento.
Animales hay pocos, pequeños y ligeros.
Escasea el agua.
Al fondo piensa nieblas
una casa en silencio,
refugio de consuelos invisibles.
Soledad de los campos.
|
|