| |
CUADERNO VERDE
Primera mujer
I
Al caer la noche se elige solo un sueño. Inadvertidamente reanuda tu ocupación, cualquiera que sea, a la imagen que ha ido tomando cuerpo y lee ahora tus ojos, demorada y extensa, abierta ahí mismo en tanto te fingías.
Raíz que por sí asoma y por ti crece y se despliega en un instante, libre —hace tiempo no repara siquiera en sombras— y cual anhelo de primera mujer mece absorta su ignorada belleza.
II
La referencia extiende sus delgadas ramas sin cesar: ligada a la renovación de los espacios, al vivo aspecto de las cosas, no padece necesidad de nombres —mujer, aroma, posibilidad.
Óyelos entonces hasta que no digan mujer, aroma, posibilidad, óyelos entonces hasta que no suenen. Óyelos como quien se desprende, óyelos hasta que no suenen.
Hasta que no digan: era aún a ella posible referirse mientras de sus ramajes, mucho antes del beso, a intervalos va viniendo.
|
|