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CUADERNO VERDE
El escriba
Inclinado sobre su sombra,
busca en ella
el inhallable trazo de tu caligrafía:
«un sólo signo
y todo cambiará».
Va y viene a su delirio fiel
—en anhelarte enhebra
el vuelo de su abrazo—,
¿para qué la experiencia,
la arqueología del pulso?
Figura así es él mismo
y signo adormecido.
La noche va cayendo,
pronto ni tu memoria
se
distinguirá en sueños.
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