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El balcón
Temprano despierta la libélula
la última y violenta inquietud del murciélago.
Prende un sol trino de
vencejos
sombra huída a la luz del mar.
Aquí, en el balcón, tiene
lugar
un intercambio ajeno a las palabras.
Amanece entre vuelos de
ida y vuelta:
el signo conciliador jamás será una cruz.
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Envilecido silbo
Las palmeras señalan sudoeste,
los pareos se convierten en bandera,
las sombrillas hacen autogiros:
se rompió el vidrio del viento.
Por el corredor de las
palabras
envilecido silbo.
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