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momento de paz, una forma del recuerdo de cuando allí, junto al árbol: ni ilusión o certeza en presente o futuro, ni en pasado añoranza, desván, decrepitud.
Un tiempo que presencia la casa, sin luto ni pureza, volcada en el núcleo: un tiempo blanco. Que se pronuncia sin relojes, como el de un laboratorio, al amparo de victoriosas claridades tímidas sobre el lento ondular los visillos. Que figura, pues calla en figuras, y la forma se llena y se vacía a su latencia, mendigando su luz corporal. Un tiempo que suscita físicamente la palabra alcoba: un tiempo de la casa en casa y por tanto, un tiempo sin tiempo para sí.
Tentativas, leyendas en encendidos matraces, casualidad y método, selvas, poblaciones, ríos, inexploradas precipitaciones, reacciones vírgenes, desgastadas fórmulas cuyo objeto de pronto se revela, presentimientos y premoniciones, tratándose con la materia del fuego, dan fe de aquellas inducciones, postulados y conjeturas, de aquel afán extático de un poder creador que ha mecido su impulso en lágrimas carentes de punto de apoyo.
En ausencia de apoyo el mundo rompe la distancia desde el siempre al nunca: no
es posible buscar estilo donde sólo hay disposición…» |