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Quien vea el mapa trabajando a la luz no busque, insiste, geografías, déjele hacer; mire la luz mejor, la misma, sobre los marcos, los accidentes, reparaciones, ensamblajes, la luz que ofrece el cuerpo, esa espalda de mundo, ese soplo velado con el que el alma tiembla, con que los ojos arden,
Y es preciso creerla, aunque podría cerrarse, pero no lo hará: su legado claramente expuesto, sin ambages ni astucias, allá por donde la luz camina. Con los pétalos nítidos sobre las huellas amontonadas dando fe; sus |
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sombras entintadas de nostalgias dando fe; su único artificio de mirada dando fe, guardando fe: como estrella extraña de cinco puntas dobles surgida de algún árbol incómodo, en un tiempo lejano, que hablara de otros cielos —cielos de seda…» |
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