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Durante la edición de estampa 2005, en Madrid, tuvimos ocasión de contemplar, fascinados, unas representaciones de técnica mixta —grabado y acuarela—, tonos pálidos y figuras leves, etéreas, que parecían ocupadas en una actividad misteriosa apenas insinuada por la simplicidad del gesto y el hieratismo de la actitud. Llamó nuestra atención especialmente aquella composición cuyo título, 'Desplegando el cielo', aludía a una indecible libertad.
El grabado correspondía a la serie Ariadna y Viviana, desgranando lentamente las palabras en un hilo de voz, aludía al motivo considerando que eso sucedió cuando salió del Laberinto. En efecto, poco después nos mostraba algunos otros anteriores y en ellos, según pudimos comprobar, se transmitía una ligera variación del signo sin duda no menos fascinante: hojas, moluscos, inscripciones y templos, perros, tigres, caballos, en el desierto o ante los muros o en los umbrales, acompañaban a esas figuras casi sin rostro que parecieran interrogarnos desde muy atrás en el tiempo.
En seguida nos dimos cuenta de que el impulso vital contenido en los grabados y que éstos son capaces de transmitir, debe su origen a la actualidad con que Viviana alberga las imágenes y las tiene presentes. Su delicadeza para con el mundo interior propio, tan ligado por otra parte al imaginario común, no halla fronteras al trasladarse a los materiales empleados y a la figuración: desde ellos y por ellos nos es dado presentir un hálito inefable, de arcana maravilla terrestre, en cuyo gozo perseverar silenciosos, ecuánimes, sin obstáculos.
Cuando le preguntamos en qué consiste verdaderamente su trabajo, nos envió las siguientes palabras:
Pintar no es sólo representar una idea con formas y colores, es penetrar en un espacio interior, ir al fondo de un secreto. Como si se pudiera espiar por detrás del telón, en las bambalinas.
Si bien todo artista parte de su propia historia, desconocida a veces (o inconsciente), debe tratar de volver la mirada sobre sí mismo considerando los grandes interrogantes espirituales, dotando así de universalidad tanto a la visión como a la representación.
Ese planteo me ha llevado a bucear en lo mítico, en arquetipos, en símbolos que permanecen a través del tiempo y las culturas; uno de ellos, aunque no el único, el de Ariadna, mito complejo y que se presta a diversas interpretaciones.
Pintar requiere una actitud metafísica, un develar, que sin duda produce una metamorfosis en quien pinta y es de esperar también en quien se acerca y mira: por eso el artista busca y necesita de la soledad para crear, del silencio, de la aproximación a lo espiritual y divino. Es un intento de alcanzar lo invisible e infinito sin entrar en consideraciones religiosas. Sin embargo, el arte y la religión se tocan en un punto, precisamente aquél que obra ese poder de metamorfosis, de proceso alquímico.
Viviana Sierra nació en Argentina y reside en Buenos Aires. Cursó la carrera de Bellas Artes, en las especialidades Grabado y Pintura. Docente de Bellas Artes a partir de 1985, desde 1988 dicta cursos en su taller. Una relación de los principales reconocimientos que ha merecido su obra, exposiciones en las que ha participado, así como algunos comentarios críticos, pueden consultarse en la página siguiente.
Viviana Sierra en el taller
Para adquisiciones, contacto, etc., se ruega dirigirse por correo electrónico a vivianaliasi@hotmail.com
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