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«Y no haber podido hablar por todos
aquellos que olvidaron el canto.»
Alejandra Pizarnik
Qué gesto estéril que señales rutas en los mapas
a mis ingenuos dogmas
(topografía; escala uno dos mil).
Qué penitencia inútil que me preguntes: ¿hacia dónde,
hacia cuándo vas con esa absurda prisa colgada de tu hombro?
Un poema aguarda que alguien le dé vida (que lo lea),
y tú, buscas gafas para aquello que la mirada no eterniza,
para la libertad (sin remedio), para mi desmemoria,
en la inutilidad —privada de su desnudez primigenia— de los rincones.
La noche invoca el enigma (tardío claroscuro);
mis pies reconocen las criaturas que habitan tus escombros:
mas no pueden hablarles porque olvidaron su canto.
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