Volver a 'Vidrio'VIDRIO 

Indah

Luciérnagas sin rima buscan

apartamento oscuro

IV. TRESCIENTOS SESENTA Y CINCO VEINTES DE MARZO



Índice    

Página anterior Página siguiente  

 

 

 

Llueve
 


Amanecí,
—quizá también amaneciera en el resto del mundo—
y llueve:
tap tap tap.
Tap.

Después de dejar mi último sueño
colgado de tus dedos,
cierro los ojos,
y me arropo en el hueco
de tu mano,
en el que no cabe otra cosa
que mi esencia dormida.


Y amaneciste tú. Quizá
—o sin quizá—
hubo otro intento
precedido
por ruidos cotidianos
y aroma de café
y de tostadas,
mientras, sobre la almohada,
tu pensamiento,
dibuja una por una
las sombras de mi pelo.


Toc toc toc;
Toc,
llama la lluvia en la ventana.


—¿Será que hace mucho frío afuera y quiere entrar?


Yo asiento,
y cómo no habría de asentir,
con lo que a mí me gustan
tus cuentos para niños.


—Entonces —te digo—, ve a abrir.


—Pero... ¿y si no es la lluvia
quien quiere entrar
sino un viejo ogro gruñón
que a cada paso,
con sus enormes botas rojas,
camina siete leguas?

¡Tan grande como eres —pienso—,
y tan cuentista!

—Pues entonces —te digo muy bajito—,
¡qué se moje!

Descuelgo de tus dedos
mi último sueño
y mi disfraz de luna,
para así,
de esa manera,
volver a amanecer
—otra vez— entre tus brazos.
 

 
 

 



 


 

 

[13] INDAH - POEMAS

 

Página anterior Página siguiente