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Indah

Luciérnagas sin rima buscan

apartamento oscuro

II. EQUIPAJE POR SI LLEGARA LA PRIMAVERA



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Habitación veinticinco
 


Se acerca a la cama. Sale, y vuelve a entrar,
su bata resplandece, blanca como alas de ángel,
pero hoy no tienen color de agua oxigenada y algodón,
sus ojos: una sombra, una marca de yodo, los cercena.

Viene de la habitación veinticinco
(ha cerrado la puerta para impedir que huya
un gemido cianótico);
y no sabe, no sabe qué terror me produce ver
cómo la luz se derrumba en sus hombros, se aleja, se aproxima
—abrumado mar—, y tiñe sus cabellos, y le unge.

Y no sabe
que le persigue la paciente de la habitación veinticinco.
(Enfermera, enfermera, llama.
Quiere que retire la sábana, y le coloque otra vez su seno
y le vista para estar presentable).

Inmóviles, envueltas en un sigilo de esparadrapo
y gasas, de llaves oxidadas, de yedras y cipreses,
hay, entre nosotras,
un evónimo áureo, y una brisa irredenta que barre
mar adentro: su voz, sus palabras, su rostro. Y no hay respuesta.

Y no hay nada que hacer,
sólo sentarse en este bar del muelle
arrastrar los ojos por la mar de un Octubre agónico,
pedir un café o quizá un Ginger Ale, y echarle un pulso al tiempo
—feroz escualo ciego— en tanto alguien, quien sea, vacía los armarios.
 

 
 

 



 


 

 

[5] INDAH - POEMAS

 

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