| |
Aún es de día pero es un día sin luz, un nuevo día
de espera, repleto de palabras quebradas que viajan desde un recóndito y
obsesivo rincón de mi mente hasta un papel que no existe, y antes de que
vean la luz se convierten en voces ahogadas. Puedo oír su rumor hasta en
el aire, sentir su contacto en mi piel, puedo incluso oler el aroma de
sus ecos en este eterno y angustiado silencio.
Las palabras que reclaman tus palabras anunciadas
se enredan entre mis yemas y no consiguen alcanzarte instalándose en el
olvido de tu memoria. Pero no se borran, sino que ocupan todo el espacio
y el tiempo de nuestra escasa vida; y así agonizan, olvidando.
Y en guerra con tus palabras, te llamo, cuento mis
días sin ti y recupero los momentos contigo. Rememoro un abrazo de
palabras remoto y lo hago presente, y se me va el día entero intentando
olvidar cada minuto de nosotros mientras olvido que tú ya has olvidado.
Qué rabia sentir que he de esperar que nada se
repita, qué tortura sentir que tengo que llamarte a cada segundo para
olvidarte, qué dolor pensar que he de mudar la piel que tus palabras
grabadas acariciaron.
Y mientras olvido, la falta de luz se convierte en
noche, la letra grande se hace pequeña y mis dedos se adelgazan y
convierten en palillos que claman en el aire imaginando lo que tú ya has
olvidado, en una lengua paralela y saturada que agoniza una y mil noches
olvidando más palabras.
Y, mientras olvido, imagino y siento que tu olvido
es sólo el eco del silencio ante la presencia de palabras que amenazan.
Y sola en este insomnio, mientras el amor se deshace lentamente y se
convierte en un llanto de palabras, cuando el olvido me ocupa a todas
horas y las voces silenciosas de los olvidados se cuelan por las
ventanas, es entonces cuando más te deseo, cuando más fuerte me abrazo a
tu recuerdo, cuando más tiempo paso contigo, cuando más conjuro a tu
fantasma, olvidando minuciosamente un cuerpo que ya no abrazaré,
olvidando todo recuerdo, olvidándote y olvidándome.
|
|