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El suicida
Tras el agotamiento, me apresuro a cumplir el ritual del suicidio.
Avanzo sobre la arena, siervo de mi daimon, acelerando, abro en las
aguas el desfiladero caliente, del color de la carne, abro los brazos en
cruz y entrego mi exilio, cuerpo de viento, tomo impulso del fondo y
ejecuto un agónico salto del ángel. Me sumerjo.
Y no muero. Vuelvo a emerger, los ojos contritos de sal y cenit,
debilitado y hago el muerto, acaso en extremo inocente y es inútil,
cierro los ojos, no se oye nada,
mecido en las aguas del gran vientre como antes de nacer.
[—El prestidigitador ha sido llamado al orden.]
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