Volver a 'Vidrio'VIDRIO 

Avensil

Otras riberas

 

 



Índice    

Página anterior Página siguiente  

 

 

 

 

La colonia

 


Después de aquel encuentro, no pude volver a casa. Buscaron mis ojos la piedra de antaño, en el barrio viejo y sobre ella me senté a olvidar. Los muertos danzaban en la memoria: los desaparecidos en el lago y las víctimas de sí mismos. De la mayoría no recordaba el nombre. Las tardes sobre la hierba, entre luz y sombra al salir del colegio, escuchando una guitarra, muertas. El olor de la piscina en verano y las confidencias antes de subir, cada uno a su nido, muertos.

No sé qué es lo que nos había hecho buscarnos al cabo de los años. Tal vez a mí una canción recuperada, fábrica de silencio: se acaba y deja todo tan callado alrededor que se escuchan con excesiva nitidez las voces más lejanas.

¿Y en el tuyo? ¿Qué te decidió a tender la caña sobre la improbable casualidad, como quien lanza una moneda al agua y decirle a mi madre muchos recuerdos, especialmente para H.? Era como pedirle al cielo —encuéntrame, te lo pido, tenemos que hablar.

Después de hablar, con ojos de pasado envueltos en la luz tan azul de esta tarde de primavera, voy errando hacia un horizonte incierto, sin atreverme a volver. ¿Qué fue de los amigos y conocidos? ¿Qué pauta insondable hizo fructificar la semilla del barrio? Colonia se llamaba, no barrio, como si nuestro dominio de carreras en las plazoletas y el ir y venir a la panadería hubieran sido establecidos para siempre.

 

 
 

 



 


 

 

[11] AVENSIL           

 

Página anterior Página siguiente