| |
La ventana
He sido mutilado en tiempos de paz. Mi pierna ausente abre al mar una
ventana a la que asoman sin interrupción los bañistas. Su curiosidad es
insaciable.
De ninguno de ellos llego a obtener, sin embargo, el relato de una
perspectiva cabal. ‘Sólo se ve el mar’, dicen unos alegando ser de pocas
palabras. Hablan otros del oleaje, la extensión, el horizonte, las
tonalidades del azul al verde y la ocasional presencia de un velero. Sus
explicaciones, difusas y comedidas, revelan un natural recelo hacia el
intruso que se muestra en exceso familiar.
Sólo yo conozco el perpetuo estado de agonía de mi pierna ausente. El
mar se sueña allí para consolarla.
Cuando a solas, sin nadie que atestigüe mi desgracia doy en meditar al
paso de la tarde, pliego la otra pierna bajo el asiento, cuidando de
poner en ello la mayor delicadeza.
En ese momento, se cierra la ventana.
|
|