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Cómo empezó la guerra (y cómo terminó)
 

 

Nadie sabe por qué empezó la guerra. Por qué Vicent y Joel, jugadores profesionales, establecieron de forma inesperada un nuevo tipo de reglas basadas en la agresión al oponente y el olvido del entorno.
 
Según el relato de los testigos, Joel imprimió a su mano más fuerza de lo habitual y la arena de la pequeña hoya salió despedida unos centímetros más allá del montón; si bien, dado que la mayor parte de los presentes se hallaba distraída mirando al mar, leyendo o manteniendo animadas conversaciones, nada impide pensar que no fuera Joel, sino Vicent, quien impulsara la arena algo más lejos de lo comúnmente aceptable.

Convendremos que fue en Vicent en quien se encendió una luz extraña al percibir el gesto de Joel, a continuación de lo cual introdujo la mano en el agua de su propia hoya con indeterminada vehemencia y la hizo saltar fuera.
 
Al parecer, el salto de la arena y el brote del agua revelaron en la monotonía apacible del juego un potencial, basado en más enérgicos movimientos, que no pasó inadvertido a los ojos de Vicent, como tampoco a los de Joel: nuevos ritmos, nuevas proyecciones, nuevos intercambios se hacían posibles. Dejándose llevar por la inercia de la percepción y el deseo de darle continuidad, Vicent aplicó la fuerza recién descubierta a la extracción de arena, con la pretendida intención de hacer la hoya más profunda; en tanto que Joel, a su vez, se dispuso a convertir en fuente el vaciado de la suya.
 
Siempre en versión de los testigos, quienes llegados a este punto debemos suponer al tanto de que algo insólito y de lo que aún no eran enteramente conscientes se producía al extremo de su ángulo de visión, diverso según la postura de cada cual, comenzaron a sucederse rápidos intercambios de agua y arena fuera de todo propósito, siguiendo una especie de pauta cuya aceleración incrementaba la excitación de los jugadores.
 
Marcó un nuevo hito en todo este asunto el instante en que Joel, o Vicent, se alzara súbitamente y, recogiendo una cierta cantidad de agua o arena entre sus manos y figurando descuido o distracción, rozara con ella la piel de su amigo, quien de inmediato y con determinación se puso en pie e hizo lo propio respecto del otro. Aquí llegados, se produjo un cambio radical de circunstancias: pues desapareció toda intención de disimulo y lo que hasta ahora no había salido del marco del juego se convirtió, sin mediar nuevos avisos, en objetivo de por sí.
 
Para incrementar la eficacia, Joel dio más altura al montículo de arena y Vicent más profundidad a su hoya, o viceversa. Para extraer el agua se comenzaron a utilizar los pies, mientras que para la arena se emplearon ambas manos. Este estado de cosas, no obstante, resultó al cabo transitorio, dado que un primer tanteo les hizo comprender a ambos la innegable efectividad derivada de emplear únicamente arena y lanzarla con una sola mano, dejando libres los pies para rápidos desplazamientos, y dedicar la otra mano a tareas de avituallamiento y conservación del equilibrio.
 
El escenario se convirtió de pronto en un rápido sucederse de saltos, carreras y gritos, mientras proyectiles de arena cruzaban el aire en todas direcciones. El oleaje de fondo había incrementado su estruendo, se interrumpieron algunas conversaciones y los testigos se dedicaron a observar de reojo la situación, temerosos de que pudiera extenderse y alcanzarles. Los jugadores de alrededor convinieron en retirarse prudentemente, luego de que alguno de ellos resultara alcanzado por los impactos. En Joel, bajo los cabellos rubios, asomó una mirada de ferocidad y odio y en Vicent, el más dañado, resentimiento y deseo de venganza. O viceversa.
 
Todo terminó cuando, súbitamente, un gran proyectil cayó sobre el libro que estaba leyendo el Señor (al que apenas dio tiempo a protegerse el rostro), emborronando la lectura con gruesos pegotes de barro. Al instante se levantó de su silla la Mujer Rubia que hasta ese momento había permanecido imperturbable y abalanzándose sobre los jugadores Joel, Vicent! gritó Heu vist el que li heu fet al senyor? Ja n'hi ha prou, pareu immediatament! Ja no es juga! Us vull veure aquí asseguts i sense moure-vos! Mientras el Señor, impresionado por la vehemencia de la Madre, se limitaba a limpiar de nuevo las páginas hasta dejarlas inmaculadas, prosiguiendo a continuación la lectura.
 
Cuando todo volvió a la calma, aseguran los testigos, sólo se oía en la playa el reflujo de las olas. Joel y Vicent permanecían sentados en la arena, a los pies de la Madre y se miraban contristados, no llegando a comprender cómo se les había arruinado la tarde.
 

 
 

 



 


 

 

[5] AVENSIL - PLAYAS

 

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