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Todo a una carta
A las siete treinta sale un tren que tengo que coger. No te lo dije anoche
porque me dio miedo alterar el ímpetu de tu asalto; después del primer beso tuve
miedo de decirte que hoy ya no estaría y de que eso te impidiera volverme a
besar.
Mi tiempo se mide en los nombres de mi vida y, a partir de esta noche, quien me
quiera conocer tendrá que entender el tuyo.
Mi piel y tus manos; un beso tras otro beso; mi piel y tus labios.
Te dejo dormido con mi deseo enredado entre las sábanas; guárdamelo con ternura,
es posible que vuelva a buscarlo. El deseo que ya no puedo callar.
Después de haberte tocado quiero más eternamente.
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