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Aunque estés al otro lado del
mundo
Yo fui tú; alma arrasada de bordes enrojecidos. Fui la piel entre las
uñas después del zarpazo bestial. Fui el último respingo del quejido que
asoló la garganta dolorida y seca, y el llanto incontenible, y el
desaliento, y la tristeza.
Yo fui tú; corazón de hielo y labios de espinas, fui la ira y el dolor
insoportable que trepa por la carne angustiada y trémula. Fui el espejo
roto que cruje bajo la sucia bota impía, del soldado cruel, del violador
acreditado.
Yo fui tú; vida sobre la vida, luz sobre la luz en su ausencia más
estridente y busqué soledades para acurrucarme en ellas, para dejarme
morir en silencio.
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