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Estoy aquí ―te digo―
e intento rescatar de tu memoria
los momentos felices,
la risa,
la alegría,
incluso lo grotesco de algunas situaciones
que arrancan carcajadas y brillos en los ojos.
Tan sólo es un instante lo que tardas
en perder tu mirada en ese infinito vacío
en el que no podemos encontrarnos.
Ante la crueldad de lo inexplicable
sólo me queda el silencio
y la ternura del tacto de mis manos
para que me retengas un poco más
en tu frágil recuerdo. |
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