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Hace más de diez siglos que os
observo,
habitantes de la nada,
mujeres y hombres antiguos
vestidos de buriel impermeable,
festejando efemérides con azumbres de vino
por los callejones viejos y dormidos.
Desde esta meseta y a la sombra de los tilos centenarios
os contemplo impasible,
habitantes de la nada,
protegida por contrafuertes pétreos,
separada de vosotros por el cauce del río del bosque
cubierto por las hojas del otoño.
De mi espadaña cuelgan miles de sonrisas
y algunos pocos besos congelados.
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